Otra vez esta época del año





Sonó el despertador por segunda vez. Ya se había dado los 5 minutos de margen, así que tocaba levantarse. Llegó a la cocina arrastrando los pies y metió las tostadas en la tostadora. Mientras tanto, se calentaba el agua para el café.  Un poco de leche y una cucharadita de azúcar. Como siempre. Mantequilla, mermelada, ducha rápida para espabilarse y…otra vez tarde. Corrió para coger el autobús. El mismo trayecto de todas las mañanas, el mismo tráfico, niños de camino al colegio, la ciudad perezosa empezando un nuevo día.

El café había hecho algo de efecto cuando llegó a la oficina y murmuró un buenos días al cruzarse de camino a su despacho con unos compañeros. Llegó sin muchas complicaciones a la hora de comer y bajó al bar que había al lado de la oficina. Menú del día. Se decidió por la ensalada y el pollo al ajillo.
De fondo, el murmullo de las conversaciones, pero no había tiempo para entretenerse demasiado. Apuró el café que esperaba le ayudase a afrontar la reunión de por la tarde. Se despidió hasta mañana del camarero, que le deseó buena tarde y vuelta a la oficina.

Había una cosa que no le gustaba del invierno. Ya era de noche cuando salía del trabajo pero, ya debería haberse acostumbrado, ¿no?
En el trayecto de vuelta, las luces de navidad se reflejaban en los cristales del autobús. Los escaparates de las tiendas rebosantes de colores y la gente apretando el paso. Que hace mucho frío dicen. ¡Pues como todos los años! Todavía le quedaba comprar un par de regalos antes de navidad. Esta vez no podía dejarlo para el último momento como el resto de años.

Llegó a casa, encendió la televisión. Sonó el teléfono. Su madre. No había nada que decir pero llamaba todos los días, o casi todos. Que qué tal el día, que se acordase de felicitar a su tía y que había comprado lotería para él también. Porque ¿Qué es la Navidad sin la lotería?

La ducha le ayudó a relajarse y metió las sobras de la cena en la nevera. Así mañana no tendría que cocinar. Con música de fondo pasó un rato con el ordenador hasta que decidió que lo mejor era acostarse. A ver si mañana se ahorraba la carrera para coger el autobús, porque mañana, el despertador sonaría de nuevo a las 6:00. Como siempre.




Puede que haya algo de todo esto que nos resulte familiar. Un día bastante normal para un trabajador en una ciudad cualquiera. Puede que se ajuste con alguna que otra diferencia a la rutina de muchos. Los días se suceden sin mayor sobresalto y las hojas del calendario van pasando sin que nos demos cuenta.

Puede que expresiones o palabras como ‘otra vez’, ‘de nuevo’, ‘como siempre’, ‘costumbre’, ‘igual’, ‘tradición’, ‘rutina’ nos resuenen por dentro más de lo que queremos reconocer.

Y otra vez hemos llegado a esta época del año. Otra vez. Otra vez los roscones, los mazapanes, la sidra o el champán. Las compras, los amigos invisibles, los adornos, el belén. Otra vez las comilonas, los chistes típicos de ese familiar, los ‘¡Hasta el año que viene!’ y el ‘Felices fiestas’. De repente aterrizamos en medio de una mesa rodeados de caras conocidas y con ese plato típico que se cena en casa en Nochebuena todos los años. Porque ya es tradición.

Y es verdad que estos días seguramente estén llenos de cosas que ya hemos vivido otros años. Seguramente también viviremos situaciones parecidas dentro de otros 12 meses. Pero ni nosotros somos los mismos del año pasado ni seremos los de ahora el año que viene. Nuestra situación actual es diferente. Es única. Nuestras circunstancias han cambiado. Y dentro de poco, celebraremos el nacimiento de un Niño, que quiere acercarse a nosotros. Pero quiere hacerlo de una forma nueva, diferente a la del año pasado.

Por eso os invito antes de que llegue el 25 a preguntaros


¿Cuáles son mis circunstancias en este momento? ¿Qué me quiere decir el Señor este año?



"Los pequeños detalles son los que marcan las grandes diferencias"


Y también invito a buscar las diferencias’ en estos días. Puede que los turrones sean los mismos de todos los años, que vuelva a sobrar la fruta escarchada del roscón o que sigamos dejando los zapatos preparados la noche del 5 de enero cerca del árbol. Pero si estamos atentos, puede que descubramos ese detalle que ha tenido esa persona con nosotros o a lo mejor nos sorprendemos viendo la imaginación de los pequeños de la casa cuando se ponen a jugar mientras los mayores están enfrascados en sus conversaciones de sobremesa. Pero solo si estamos atentos.

Os invito a intentar sacar un detalle durante esta semana al final de cada día. Aunque solo sea uno. Porque detrás de ese guiño está el Señor queriendo decirnos algo nuevo. Está en nuestra mano prestar atención.


Que paséis una   FELIZ Y EXCLUSIVA NAVIDAD!

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