Cuando las cosas no están tan claras...
Hay una pregunta que últimamente asoma con
asiduidad en conversaciones que voy teniendo, bien porque alguien pregunta, o
bien porque hablando de la vida al final acaba saliendo. Y se puede formular de
muchas maneras: ¿Y después qué? ¿Qué
tienes pensado cuando acabes? ¿Qué vas a hacer con tu vida?... Creo que cada vez
que quedo con amigos, o estoy con mi familia, sale. No falla. Y cuando la hacen
entiendo que es como una manera de preocuparse por ti, de conocer más de ti.
Y en las respuestas hay de todo. Hay quien de primeras lo tiene muy claro, hay quien se toma su tiempo para pensar, hay quien tiene varias cosas en mente y no se decide, hay quien lo quiere todo, hay quien se plantea lo estrictamente necesario…
En alguna ocasión me ha pasado que, cuando me
han hecho esta pregunta y no he contestado con algo concreto, sino que he
respondido con un “habrá que pararse, preguntarse, pensar…”, me he quedado con la
sensación de que la otra persona no estaba entendiendo del todo esta respuesta.
Como que chocaba el hecho de que después de haber hecho un recorrido alguien se
parara a pensar y se preguntase de fondo qué hacer y dónde verdaderamente uno
encuentra sentido.
Creo que las herramientas y el bagaje que uno tiene después de haber hecho ese recorrido nada tienen que ver con las que tenía antes de hacerlo.
Creo que las herramientas y el bagaje que uno tiene después de haber hecho ese recorrido nada tienen que ver con las que tenía antes de hacerlo.
En un capítulo del libro “La alegría, también de
noche” se habla de cómo
a veces en cuanto estás tocado o más dubitativo por las razones que sea, uno
parece que tiene que hacer todos los esfuerzos posibles por recomponerse o
resolverlo cuando antes. Habla de que en
algunos momentos hay que darse permiso para estar de otras maneras, que en
todos los caminos habrá épocas de luz y otras más de tiniebla y que lo
importante es que cuando te toque pelear, o en esos momentos en que las
batallas provocan heridas, no huyas ni te rindas.
Y es verdad que cuando llega ese momento y uno
intenta ir dando respuesta a ese interrogante, no sé si desde la ingenuidad o más
desde el vivir aferrado a tus seguridades, en ocasiones uno se descubre esperando
tener la certeza absoluta de que eso es lo mejor o que en algún momento
encontrara, así ¡PUM!, por sí mismo la respuesta. Me llego a creer que yo solo puedo y me olvido de que este camino
no lo hago solamente yo, que Él está ahí esperándome.
Y ahí se queda uno, parado sin saber muy bien por dónde tirar. Y llegan los bloqueos, las quemaduras, las frustraciones, el desasosiego…
Y ahí se queda uno, parado sin saber muy bien por dónde tirar. Y llegan los bloqueos, las quemaduras, las frustraciones, el desasosiego…
Creo que en esos momentos hay que pararse y
mirarse con verdad, con ojos más humanos, con ternura. Tomar conciencia de que
uno sólo no llega, que soy limitado y que solo poniendo los ojos en Él
encontraré Verdad. Pienso que cuando uno se va dando cuenta de esto, la mochila
se va liberando de cargas, porque ya no la llevas tú, sino que es Otro el que
agarra, el que sostiene. Y no hay color entre una sensación y otra. Las preguntas que ahora brotan son
diferentes: ya no es tanto el “yo”, sino que van dirigidas a un “Tú”.
Viktor Frankl, en su libro “El hombre en busca de sentido”, habla de que el ser humano “precisa de un cierto grado
de tensión interior, la tensión existente entre lo que uno ha logrado y lo que
le queda por conseguir, o la distancia entre lo que uno es y lo que debería
llegar a ser” y que “ser
hombre implica dirigirse hacia algo o alguien distinto de uno mismo. Cuanto más se olvida uno de sí mismo – al
entregarse a una causa o a una persona amada- más humano se vuelve y más
perfecciona sus capacidades”.
Dejarse enraizar por Dios, reto y oportunidad. Él tiene una palabra importante que decir en la
vida de cada uno y a veces somos nosotros los que, enredándonos en mil y una historias,
no escuchamos e ignoramos los ecos que nos va dejando. Y mientras tanto, nos
repite una y otra vez “No
temas, porque yo estoy contigo”. Él siempre está.
Pero para eso creo que hay que confiar y despegarnos un poco de nuestras seguridades, de nuestros miedos, hacerse pequeño, vivirse más pequeño, y como desprendernos un poco de nosotros mismos para estar más dispuestos a la palabra que Dios tenga para cada uno de nosotros en ese momento de la vida.
Ojalá seamos capaces de levantar la mirada más allá de nosotros mismos y entender que el sentido llega cuando uno se compromete con una causa y elige pelear por ella. Y si acaso el horizonte aparece nublado, siempre podremos acercarnos a compañeros de vida que nos recuerden quiénes somos y cuál es ese sueño que nos hace seguir caminando.
Pero para eso creo que hay que confiar y despegarnos un poco de nuestras seguridades, de nuestros miedos, hacerse pequeño, vivirse más pequeño, y como desprendernos un poco de nosotros mismos para estar más dispuestos a la palabra que Dios tenga para cada uno de nosotros en ese momento de la vida.
Ojalá seamos capaces de levantar la mirada más allá de nosotros mismos y entender que el sentido llega cuando uno se compromete con una causa y elige pelear por ella. Y si acaso el horizonte aparece nublado, siempre podremos acercarnos a compañeros de vida que nos recuerden quiénes somos y cuál es ese sueño que nos hace seguir caminando.



Con un cuaderno de ruta así, como que se me hacen más fáciles los después qué que tienen que venir! 🔝🔝🔝
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