Se buena. Pórtate bien
"Se buena. Pórtate bien." Junto con el carnet de padres (abuelos, tíos o cualquier familiar mayor) se da licencia para usar esta frase. Y la usan todo el rato. Los padres son felices cuando sus hijos son buenos y se portan bien.
Cuando eres un bebé, eres bueno si duermes toda la noche. Una niña es buena si se queda quietecita. De adolescente, ser buena significa llegar a casa a la hora que te dicen tus padres.
Pero, ¿qué pasa cuando eres mayor? ¿Qué pasa cuando dejan de marcarte lo que tienes que hacer? ¿Qué es ser buena persona?
Buena persona. Qué terminó tan amplio y tan confuso. El vecino que siempre saludaba puede dejar de ser buena persona en el mismo instante en el que alguien cuenta que ha entrado en la cárcel. Sin embargo, el alcalde de un pueblo que dedica su vida a que los ciudadanos vivan mejor es malo. Porque los políticos "son todos malos. No se salva ni uno". Incluso hay algunas personas que da igual lo que hagan, tienen cara de buenas personas. Y no hay más que hablar.
Supongo que esta duda no es nueva. De hecho, pensando sobre esto, me vienen al recuerdo las miles de conversaciones con mis amigas en las que alguna de nosotras decía sobre alguien "es buena persona" e, inmediatamente, otra, abriendo los ojos y levantando las cejas respondía "¿qué es ser buena persona?" Después de esa frase siempre nos reímos. Es una frase muy típica entre nosotras. Pero nunca la contestamos. No vamos más allá.
¿Que es ser buena persona? Yo no lo sé. Pero en mi intento de de ordenar, clasificar y delimitar todo lo que me rodea no he podido evitar querer encontrar una respuesta.
Tengo que buscar en el diccionario de la RAE. LA RAE lo sabe todo.
Abro el buscador, voy a la página y busco buena (en femenino, porque acompaña a persona. Aunque no hay diferencia. Por suerte.)
Y ahí están, diez acepciones de la palabra que busco. No se si ahora me voy a liar más... Pero no. Todas mis dudas se resuelven con la segunda definición. Esa es la que yo buscaba. La que me gusta. La que me saca la sonrisa sutil de quien resuelve sus dudas en el diccionario.
Algo bueno es algo útil, a propósito de algo.
Pero sigo leyendo. El termino "buena", aplicado a persona significa "Simple, bonachona o chocante" ¿Simple? ¿La RAE me está diciendo que para ser buena persona tengo que ser simple? No sencilla, sino simple. Que horror. Deduzco entonces que se trata de una conducta omisiva, de no hacer. (Nótese mi deformación profesional, analizando cada problema de la vida como si del estudio de un delito se tratase) No me gusta. No estoy de acuerdo. Yo creo que hay más. Necesito otro libro con más sabiduría aún que el diccionario. Y allá voy.
Evangelio. Marcos. Capítulo cuarto. Parábola del sembrador.
"Jesús les decía: salió el sembrador a sembrar. Y sucedió que [...] parte cayó en tierra buena y creció, se desarrolló y dio fruto: el treinta, el sesenta y hasta el ciento por uno."
Ay, el Señor... Le pregunto qué es ser buena persona y me habla de sembradores. A mi, que se me mueren todas las macetas que planto. Menos mal que hay quien me ayuda a entenderlo... Y así, aprendo que en la Biblia no hay una definición de buena persona, pero que todos somos tierras y su palabra son las semillas. Que algunas veces no las protegemos, y dejamos que las aves se las coman. Que otras veces nos venimos arriba con ellas y las dejamos crecer, pero luego las dejamos secarse. Y también, a veces, dejamos que crezcan más los cardos que las semillas. Pero, con suerte, la semilla cae en tierra buena. Y eso es... ¡eso es genial! Porque da fruto ¡hasta el ciento! Es como si plantas una semilla de tomate y al cabo de unos meses salen cien. Cien tomates son un montón de tomates... desde luego más de lo normal.
Y yo no puedo evitar querer ser tierra buena. Ya se me ha olvidado lo de ser buena persona.
Yo sé que podría conformarme con menos. Con ser una tierra con piedras y cardos. Que el Señor no se enfadaría conmigo, que incluso contaría con ello. Pero cuando te rodeas de personas que son tierra súper buena te contagias.
Hace unos días leía el libro de Javier Aznar (más conocido como "El guardian", autor de la columna "Manual de un buen vividor", en la revista Elle) y contaba que cuando vivía en Nueva York coincidía todos los días en una cafetería con un hombre ciego que era guapo, educado y vestía y actuaba de forma impecable. Al verlo cada día empezó a cuidarse más, esforzarse más en el gimnasio, vestir mejor.... quería parecerse a él. Pero cuando el hombre desapareció, sus buenos hábitos se fueron con el.
Del libro "¿Dónde vamos a bailar esta noche?"
Pues a mi me pasa como a él. Tengo la suerte de rodearme de unos padres que multiplican todos sus frutos por sus hijas, de tener unos amigos que siempre están. De formar parte de un grupo de fe que me ha acogido con los brazos abiertos, incluso estando a kilómetros. Y de haber sido educada por unas mujeres que llevan por escudo la frase "servir es reinar". Y sirviendo dan fruto. Yo también soy su fruto.
¿Como no voy a querer ser tierra buena? ¿Como no voy a querer dar el ciento? ¿Podría a caso dejar de hacerlo sin ser una desagradecida?
Sigo sin saber qué es ser buena persona. Incluso sigo sin saber si yo lo soy. Pero ahora tengo un objetivo: ser tierra buena. Dar mi fruto. Ayudar a los demás desde mi trabajo, mi familia y mi entorno. No solo devolver, sino multiplicar.
Así que solo puedo estar agradecida por tener a mi alrededor "tierras" tan buenas. Por tener la libertad de decidir qué tierra quiero ser y la seguridad de que se cuenta con mi decisión. Y por tener un libro con más sabiduría que el diccionario para leer cuando no encuentro respuestas.
Gracias por Tu Palabra, que resuelve todas mis dudas.
Gracias, Señor, por todo lo demás.
Te prometo que voy a ser buena.



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