Un SÍ, muchos SÍ, tu SÍ
He aquí la Esclava del Señor,
hágase en mí, según tu Palabra.
Un
SÍ que cambió la historia; que llenó
el mundo de AMOR; un SÍ decidido,
sencillo, único, ejemplo y real. Un SÍ
impulso en la vida de todos los que sin miedo han entregado su vida por Él.
Contemplando
el Evangelio. Lc 1, 26 - 38
Una
mañana, como otra cualquiera – o eso pensaba ella – el sol se hacía hueco entre
las nubes, dejando entrever la luz de sus rayos; en el pueblo el alboroto del
gentío acudiendo al mercado, los niños jugando en la arena; el crujir de las
tinajas llenas de agua recién sacadas del pozo se camuflaba entre las
conversaciones de las mujeres que las portaban, y entre ellas, María,
adelantando el paso para llegar pronto a casa, tenía tanto por hacer que no
quería dejar nada para mañana. Su sonrisa sorprendía a todo el mundo, parecía
como si el agua no le pesase; por el camino saludaba a todos sus vecinos – esta
muchacha tiene algo especial – se repetían todos.
Al llegar
a casa, se desabrocha las sandalias y por primera vez siente el cansancio en
sus pies. Descalza comienza la aventura de completar todas las tareas que
requiere cada mañana. Joaquín y Ana han salido al mercado.
Recoge la
cocina y tararea la canción que su anciana vecina, a la que siempre echa una
mano, le entona mientras da de comer a las gallinas.
Solo el amor, puede cambiar el mundo;
Joven, tú, por amor, puedes cambiar el
mundo.
Pone agua
a hervir y prepara una infusión con las hierbas que por el camino ha
encontrado. Entre tanto se percata de que un nubarrón ha cubierto el cielo,
tiene ropa tendida no sabe si arriesgarse o dejarla secar.
Pero de
repente una luz interrumpe su indecisión, parece como si el sol logrando
escapar de tanta nube hubiera entrado por la minúscula ventana de la cocina. El
ruido se disipó y el silencio se hizo grande. Nunca había experimentado tal
regalo de la naturaleza, sintió miedo, incluso se planteó correr, gritar,
esconderse debajo de la cama; pero el silencio se vio quebrado por una voz
serena y pausada - Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo – no podía
entender nada, incluso se turbó, ella, una joven, ¿llena de gracia?, ¿elegida
por el Señor?, ¿el Señor está contigo?, su cabeza era un mar de dudas; se frotó
los ojos, incluso se pellizcó un brazo, pero él seguía allí.
– No temas
María – Estas palabras se repetían en su interior, una y otra vez, hasta que el
pulso de su corazón logró acompasarse y volver a la calma, no entendía nada,
pero ya no sentía miedo; miró por la ventana y lo vio.
– Concebirás y darás a luz un hijo, al que
llamarás Jesús […] y su reinado no tendrá fin – Al escuchar esto María no pudo
contener sus palabras, no pudo seguir afrontando tanto interrogante por sí
misma y se lanzó, no sabía muy bien con quien hablaba, ni si iba a escuchar
respuesta, pero lo hizo - ¿Cómo sucederá eso si no convivo con varón? – Tras
unos segundos de silencio, que para ella fueron eternos, el ángel le contestó –
El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te hará sombra, por
eso, el consagrado que nazca llevará el título de Hijo de Dios. […] pues nada
es imposible para Dios –
En el
interior de María algo comenzó a brotar, de repente el miedo se convirtió en
seguridad, las dudas se convirtieron en certezas; sus manos fueron directas al
corazón, pues de él saldría la respuesta, una respuesta que sin titubeos lanzó
– Aquí tienes a la esclava del Señor, que se cumpla en mi tu Palabra – María
estaba segura de sus palabras, lo sentía dentro, sabía que no podía decir otra
cosa que no fuera SÍ; nunca había experimentado tanta seguridad, tanta verdad,
tanto amor.
Justo
después de su respuesta, mientras sonreía, el ángel se marchó y la dejó.
El ruido
volvió al interior de la casa, y María abrió y cerró los ojos una y otra vez,
quizás así podría ser capaz de volverlo a ver. Estaba segura de su respuesta,
pero querría haber sabido más, ¿por qué ella? Pese a esto reconoció en el
silencio, en la ausencia de respuesta ante su interrogante que Dios le hablaba,
y que quizás no encontraría respuesta a sus preguntas ahora, o de manera
directa, pero confiando, amando y aceptando el sueño de Dios, las iría
descubriendo.
Se levantó
del suelo, se enjuagó la cara y sonriendo continuó con las labores de la casa,
pues dentro de ella se estaba gestando la más cierta definición de AMOR.
Amén, así sea.
Amen, invitados a amar.
--
Son tres los caminos a los que me
invita el contemplar la anunciación; caminos que me ayudan a entender como
reflecta esto en mi vida; y a los que te invito a recorrer en esta
lectura.
Encuentro. Entró el ángel a donde estaba ella.
El
encuentro entre el ángel y María fue un encuentro inesperado, como tantos
encuentros vivimos en nuestro día a día sin esperar. Encuentros en los que por
las prisas de la rutina decidimos no pararnos o encuentros por los que
cambiamos nuestros planes. Es en esa elección, la de cómo aprovechar los encuentros
donde podemos llegar a descubrir que el
Amor lleva otro ritmo. Y es que en ese encuentro fortuito Dios se manifestó, se
hizo presente, se hizo vida en María. ¿Quizás en nuestra vida, no es Él quien
se manifiesta a través de tantos como se cruzan en nuestro camino sin
esperarlo?
En quién
te sonríe, te cede su sitio, te recuerda que puedes, te abraza, te devuelve tu
cartera perdida, te da un consejo, te escucha, te llama, te cuida, te regaña,
te apoya, te sorprende; en tu familia, en tus amigos, en tus profesores, en tus
alumnos, en tus pacientes… En tantos como te aprietan el corazón y te hacen más
humano.
Quizás es
el momento de agradecer y disfrutar de estos encuentros, de descubrir que a
veces lo que no está en tus planes merece que lo entiendas y atiendas, que la
vida se genera en lo que nos sorprende. Somos canal de Dios.
Respuesta. Aquí tienes a la esclava del Señor, hágase
en mí según tu Palabra.
La
diferencia entre darlo todo o casi todo es infinita. En esta respuesta, sin
duda, está dado todo. Si hubiera sido un SI a medias, con límites, ¿qué podría
haber pasado? ¿A caso se puede Amar a medias?
Su
respuesta, su hágase, su sí, su aquí tienes… es una invitación no solo para
cuestionarnos si seríamos capaces de lanzarnos a responder, sino también
cuestionarnos a qué nos pide el Señor que contestemos, qué nos dice, a qué nos
llama, a qué nos mueve… A veces nos centramos solo en pesar si seríamos capaces
o no de responder de una manera tan radical, tan llena de amor, pero no nos
preguntamos a qué tenemos que responder así.
¿Ausencia? El
ángel la dejó y se fue.
María
responde decidida, segura, desde el corazón; ha dicho que ¡Sí!, pero quizás aún
hay muchas cosas que le gustaría
saber, el ángel al escuchar su respuesta, la deja y se va. Es en esta ausencia
de más preguntas, esta ausencia de más respuestas donde podemos encontrar el
impulso para seguir cuando creemos no encontrar nada, no entender nada, o no
sentir nada.
También
nosotros estamos llamados a decir que ¡SÍ! en nuestra vida, también nosotros
estamos soñados para un algo concreto, que solo parándonos a escucharle seremos
capaces de descubrir. Un algo que quizás requiera de nuestra valentía de no
esperar más respuestas, de no insistir, sino de confiar, de lanzarse y de
vivir.
Que en el
silencio sepamos descubrir que es Dios quién nos dice – No temas, (y te llama
por tu nombre).
--
Para todos los
que un día descubrieron el Sueño de Dios para/con sus vidas, para todos los que
han dicho que ¡SÍ!, para todos los que cada día entregan su vida por los demás
¡GRACIAS!
Y de manera muy especial; ¡GRACIAS! a todas las
Hermanas de la Congregación de las Esclavas del Divino Corazón por transmitir
el amor personal de Jesucristo en los encuentros
con tantos como se cruzan por vuestro camino en Angola, Ecuador, Venezuela,
Japón, Filipinas, Paraguay, Argentina, Brasil y España; por vuestro SÍ como respuesta a su llamada; por ser
presencia en nuestros momentos de no entender, de experimentar ausencia, y por ser ejemplo vivo del
Evangelio en nuestro mundo.
¡Feliz Semana de la Esclava!
Pedro A. García


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