VIVIR LA FE EN COMUNIDAD
Cuando Mauge y Mani me
propusieron colaborar con el blog: “Creo, pienso y te lo cuento”, no lo dudé ni
por un momento. Si no recuerdo mal, era el Sábado Santo por la tarde, a pocas
horas de que se produjera el acontecimiento más mágico de todos los cristianos,
la Resurrección de Jesucristo. Vivir experiencias tan profundas y vivirlas en
comunidad, siempre es mucho más fácil y tiene mucho más sentido. No importa si
tu relación con el Señor está más o menos fría. Simplemente te dejas llevar y
contagiar por la alegría del resto. Porque la fe consiste, precisamente en eso,
en fiarse, no solo de Él, sino de aquellas personas con las que, cada día, ves
que esto merece la pena.
Como aquel niño que le dice a su madre: “Mamá, no tengo Fe”
Y ella le responde: “No te preocupes cariño,
apóyate en la mía”.
Porque tu grupo o comunidad es un
pilar que sirve de sustento y de punto de amarre. Cada reunión es una nueva
oportunidad para aprender y crecer. Es ese aliento y ese empujón que a ti te
falta para ponerte en camino y en movimiento aunque no lo tengas claro o aunque
la pereza pueda contigo. Es ese lugar en el que poder pronunciar la palabra
Señor y Jesucristo sin que nadie te mire raro. Y también, ese pequeño
rinconcito en el que todos intentamos dar pequeños pasos para vivir una vida
coherente, lo más fiel posible (y permitirme la osadía) al estilo de Jesús.
Sin embargo, lo que quiero
compartir con todos vosotros, es lo que me suele ocurrir tras un momento tan
eufórico como puede ser la Vigilia de resurrección. Como decía antes, la idea
de colaborar en el blog me encantó, pero las ganas se fueron apagando a medida
que la vuelta a Galilea se hacía más real. Y aquí me tenéis, unos cuantos días
después (más de los deseados), escribiendo esto que prometí hace tiempo. Y es
que esto me ha hecho pensar en que con el Señor, me pasa algo parecido. No
importa lo mal que lo hagas, el tiempo que tardas en hacer algo o las promesas
incumplidas, que Él te espera y te recibe, siempre, con los brazos abiertos.
Muchas veces creo que le trato como un simple comodín: Claro, cómo Él me
perdona siempre y me acepta tal y como soy… Es como si me permitiera tener
carta blanca para hacer y deshacer cuanto quiero, sabiendo que Él me vuelve a
recibir como aquel padre que, no se conforma con dar cobijo a su hijo pródigo
sino que, además, le prepara el mejor de los banquetes. Por mucho que quieras
comprenderlo, el Señor se escapa de cualquier razonamiento. Y ante esta nueva vida que, constantemente,
te pone delante, no queda otra que sentirse profundamente agradecido.
Y este blog también es motivo
para darle gracias al Señor. Como decía antes, vivir la fe tiene más sentido si
se comparte aunque sea en una pequeña comunidad virtual como esta.
Irene Gutiérrez
Comentarios
Publicar un comentario